Opinión
Escrito por Sergio Carciofi   
Miércoles, 10 de Noviembre de 2010 10:34

Néstor y ella 

Llegó con ella súbitamente a un país muerto sin que el pueblo se diera cuenta. Encontró hombres humillados por una mesa sin pan ante la mirada de sus hijos, ancianos con pasado y sin presente, lóbregos fondos repletos de monedas de oro sobrevolados por buitres, intereses con exorbitantes interesados, secuestradores (libres) torturadores (sueltos) asesinos (sin juzgar): bebés apropiados. Insistentes pañuelos blancos sin respuestas con madres que ya son abuelas, cortes y juzgados sin jueces, carnales pasivas relaciones con United State of America, lecops y patacones, banderas de remates en los campos llenos de soja, a Kosteki y Santillán moribundos en el piso, basura revuelta por cientos de cartoneros, colas de personas esperando la cena a las doce de la noche en las puertas de Mac Donalds, embajadas atestadas de jóvenes pidiendo visas de trabajo, nietos de inmigrantes tramitando la doble ciudadanía, fondos de jubilaciones y pensiones en fondos comunes de inversión, corralito financiero, mano de obra argentina calificada en España,...

cuadros de Videla y Bignone colgados en el colegio militar, gerentes de diarios y revistas trabajando de periodistas, “una idea de Carlos Ávila”, “que se vayan todos”, cacerolas abolladas y hasta la sangre, aún fresca, en la plaza de los muertos del 19 y 20 diciembre de 2001.

         Junto a ella, Néstor cambió todo. Y fue para bien. Tuvo la voluntad de optar por el MERCOSUR y no por el ALCA, de desistir del yugo de los banqueros del FMI, de poner en práctica la asignación universal por hijo, de devolverle al estado los fondos de los jubilados y garantizarles dos aumentos anuales y van…; también para promover el juicio y castigo a los terroristas de estado y no usar el aparato represivo estatal para acallar los disensos y las reivindicaciones sociales. Generó las condiciones para una Corte Suprema de Justicia, que no sea nada más ni nada menos que eso, estatizó el correo y la aerolínea de bandera, hasta presidió el UNASUR y le dio contenido con sólo un par de actuaciones. Y tantos logros más que, como dice Sarmiento, lo llevaron a ocupar, junto con ella, “las cien trompetas de la fama con el ruido de sus hechos”.

         Tanto ruido basta para no creer todo lo que se escribió a horas de su muerte en referencia a lo difícil que será sostener el  gobierno de Cristina y lo peor que será sin Néstor. También sobra para no creer las asépticas referencias de los políticos de la oposición y sus falsas condolencias. Los hechos que hablan por él hace que no les creamos a los malos, que son los mismos que pintaban maldades en las paredes cuando se moría Evita. No hacemos caso a los silencios y a los consejos interesados, tampoco nos importan las preocupaciones de los agoreros de siempre. Preferimos llorar la pérdida del líder con toda la fuerza humana del llanto y, junto a ella, festejar un país con un pueblo que vive, quiere y banca el proyecto nacional y popular que lidera Cristina y su gobierno. Porque ahora estamos con ella y sabemos que solo con ella es posible un país mejor.
         Néstor se fue súbitamente de un país vivo con todo un pueblo que siempre lo tendrá en cuenta, y de regalo nos dejó a ella, a esa fenomenal mujer: LA POLÍTICA.  
 

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