Ocio forzado
Escrito por Falifa   
Viernes, 17 de Julio de 2009 01:00
Estas encerrado a la fuerza. Designios divinos o de la autoridad, ordenan quedarse en casa y así evitar la maldita Gripe A, Influenza A, Gripe Porcina, H1 N1. Distintas nomenclaturas para denominar a la pandemia que vino a buscarte, a buscarnos. Sí, a los argentinos. A nosotros que somos tan arrogantes que creamos nuestras propias pestes y crisis, porque acá no llegan los huracanes, los tornados, los terremotos, las lluvias ácidas, todas esas anunciaciones de la naturaleza que azotan al resto del mundo. La creación comprendió que era castigo bastante, haber derramado tantos argentinos sobre estas pampas.  Pero todas estas disquisiciones filo-meta-geo-socio-astro-fisico-culturales, se pueden elucubrar, solo porque estás al cuete. Encerrado forzosamente y al cuete.

 

Porque no son vacaciones anticipadas, o ese feriado (o día Osvaldo), que te salva la semana; es una cuarentena de quince días (un contrasentido?), donde en algún punto no se sabe bien si es mejor la peste de afuera o la locura de adentro.

Buscando alternativas, prendés y apagás la tele mil veces. Cosa e´mandinga se muere Michael Jackson, si el hombre de las mil mutaciones, de la máscara de oxígeno y barbijos, con sólo 50 años. Un golpe de estado en Honduras, si otra peste que parecía erradicada del continente, y encima travestido de constitucional.

Todo está muy raro, cataratas de cifras de infectados y muertos, formando un ranking, que casi siempre lidera Crónica TV, en busca del número más truculento. No sale una, ni el tiro del final. Pierde Huracán la final del campeonato. Ese cuadro que no cuadraba ni siquiera en esa lista de segundos equipos a los que el hincha se aferra, cuando el propio entra en desgracia, pero que esta vez entre la sensatez de su técnico, su buen juego y la pasión de su gente y su barrio, había conquistado a casi todos, salvo a los hinchas de Velez.  

La realidad televisada no puede ser peor, decidís apagarla. Te proponés hacer esas tareas hogareñas postergadas. Reforzar esa biblioteca vencida por el peso, ordenar esa tonelada de papeles que se apila en algún rincón, sin destino, intentar desarmar un enchufe que hace tres años no funciona. Cualquier cosa menos aceptar la propuesta de tu mujer: correr la heladera de ese lugar del cual nunca salió, desde que los pibes de Garbarino la colocaron allí, y limpiar lo que hay detrás. No, jamás.

Pero pronto te aburro, la biblioteca queda vencida pero del otro extremo, porque cambiaste los libros pesados de lugar, los papeles quedaron apilados pero en otro rincón, el enchufe con los cables al aire, ni siquiera tenés cinta aislante para aplicarle. Todo mal, pero  podría ser peor  

Te frotás alcohol en gel, fabricado en casa, chirlo, acuoso, porque te faltan la mitad de los ingredientes. Receta que sacaste de Internet. 

Salís a la calle. Comprás el diario, le pedís al diariero que por favor te lo ponga en una bolsa, que precavidamente llevas contigo, comprás comestibles, te fijás que nadie estornude al lado tuyo, que no tenga cara, voz, síntoma o sospecha de engripado. El cajero que antes era gracioso, ahora lo ves como un potencial enemigo, está colorado , con voz ronca, no sabés si es hincha de Velez o un portador de Influenza A. Te pasás de cola,  caes en la de “prioridad mujeres embarazadas”, las que parecen confabuladas en comprar en conjunto, porque te corren hacia atrás cada vez que amagas con avanzar en la cola, te gritan “permiso” desde atrás y una panza avanza, se impone y antepone al insulto que dejás atragantado en el garguero, ante la evidencia de tu mala leche. 

Dejás todo en chango y te vas sin nada, huís desconsolodao a tu casa y oteas en el recorrido un cartel, que sangra por la herida, con la hazaña no concretada de huracán.

Entrás al departamento, dejás con la mano tendida al vecino del piso de abajo, que intenta saludarte y vos inerte le respondes con un leve movimiento de cabeza, no pensás sacar el alcohol para darle la mano a este tipo. Llegás a casa, tu mujer – mientras te obliga a lavarte con lisoform- te informa que su hermana, dejará a los niños toda la semana porque cerró el jardín maternal por disposición municipal. Le dedicas la más falsa de tus sonrisas y exhausto te dejás caer sobre el sillón. 

Ufff,!! es demasiado… Descansar a la fuerza puede ser peor que trabajar a la fuerza.

 

 

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