Apuntes sobre los días trágicos en Bariloche
Escrito por Gustavo Zavala   
Jueves, 24 de Junio de 2010 11:25

Ensayar apuntes sobre los homicidios, la violencia y las marchas de Bariloche, distante seis días de los sucesos, tiene la ventaja de no tropezar con la inmediatez, pero corre con la obligación de encausar algunas vías de análisis, considerando la evolución de los hechos. 

La muerte del menor Diego Bonefoi (15) víctima del gatillo fácil policial y de los Nicolás Carrasco (17) y Sergio Cárdenas (29), en medio de la brutal represión de las fuerzas de seguridad en la madrugada del jueves 17 de junio, ha quebrantado el orden social barilochense. Y es en este punto donde se revela una primera diyuntiva, ¿son los sucesos violentos los que sacudieron la paz de la ciudad cordillerana o estos hechos vinieron a revelar el grueso desequilibrio existente en la ciudad? 
Más para no enredar las ideas, corresponde retrotraernos brevemente sobre los hechos .

La investigación encabezada por el Juez Martín Lozada, ofrece hoy como primer resultado el procesamiento del cabo Colombil, considerando que el uniformado “disparó su arma de fuego en contra de la cabeza de su perseguido – Bonefoi-, cuando ninguna circunstancia ameritaba que hiciera tal cosa". Las primeras informaciones que se filtraron durante el pasado fin de semana ya indicaban que el disparo se efectuó a unos cuatro metros de la cabeza del menor.  
Los disturbios en la zona del Alto, conocida la muerte de Bonefoi, el mismo día jueves, derivaron en una represión policial inusitada, ocasión en la que mueren otras dos personas, en circunstancias que deberán aclararse. Dos datos parecen inobjetables: 1- que las víctimas fueron muertos por armas de fuego y 2- que conforme surge de fotografias periodísticas la policía -contrariando el efecto disuasivo perseguido en estos casos-, también empuñó y uso balas de plomo en la represión. 
A partir de allí una nube de confusión, acusaciones y desmentidas, tiñe a las declaraciones oficiales y no oficiales. La separación del cuerpo de cinco miembros de la comisaría del Alto, por parte del Ministro Cufré (posterior a la fallida defensa ensayada por el Ministro de Gobierno Diego Larreguy del accionar policial) y el traslado de la seccional 28, son los únicos reflejos del gobierno para intentar tapar el sol con una mano. Mientras desde la oposición surgen otras voces tratando de pescar algo en el revoltijo. 
No logra explicar Larreguyi, ni Cufré, ni el gobernador Saiz -que huyo del escenario en lugar de constituir su gabinete en crisis en la ciudad-, quien es el responsable político de la represión. Alguien deberá revelar quien ordena, en medio del dolor de los familiares, la bronca  de los amigos y del barrio, semejante represión. Cómo se explica la muerte de las otras dos personas, si los balazos fueron todos recibidos por civiles. Pretenderán acaso, hacer creer a la opinión pública que en los disturbios la gente se balea entre sí, y elige arrojar piedras a la policía? Al dolor de las exequias y la marcha de familiares y la multisectorial, le siguieron los desmanes en el centro de la ciudad, que agregó caos y algunos destrozos.
A estas acciones se opone como reacción, una contramarcha de apoyo a los uniformados, de nutrida concurrencia, más de mil personas consignan las crónicas. 

Ejes de análisis 

Esta sucesión de hechos dispara sin embargo tres ejes de discusión, que en modo alguno pretenden agotar la complejidad de los hechos y sus dereivaciones. 
1.- Desmesura en el accionar policial
2.- Una ciudad geográficamente dividida por graves asimetrías sociales.
3.- La reacción de los pobladores que apoyan a la policía. 

. Respecto del primer eje, cabe supbrayar en principio el grado de impunidad, con el que actúan las fuerzas de seguridad en Río Negro. No es el primer caso en el cual la policía aparece vinculada a la comisión de un delito, basta sino recorrer los causas más resonantes en la provincia y pronto detectaremos que personal de la fuerza aparece directa o indirectamente ligada a cada hecho.
Como se entiende sino que la policía arroje piedras cómo vándalos o utilice balas de plomo a la luz de todas las cámaras y cuando se encuentra en el foco de los enfrentamientos. La respuesta que asoma es, de no haber tenido la mala pata de matar a estos pibes, seguramente nadie habría sido separado de la fuerza, ni trasladado, por arrojar piedras en medio de disturbios o por usar armas con poder de fuego. El código de autoprotección de la fuerza, traspasa los límites de la supervivencia e ingresa en la oscura zona del encubrimiento y la impunidad.
El gatillo fácil resulta en los hechos una pena de muerte sin juicio previo, un ataque de la autoridad a individuos, que en muchos casos se encuentran en estado de indefensión.
Un dato anexo, y no por ello menor, es la existencia en la provincia del Grupo Bora. Una suerte de comando especial antimotines, que el historiador y estudioso de las más tristes fojas represivas de las fuerzas, Osvaldo Bayer, observó con extrañeza cuando visitó la zona. Por qué no se cuestiona –salvo algunas voces- la necesidad de un comando especial, cuando los disturbios masivos en la provincia no tienen ni siquiera la relevancia de la vecina Neuquén? Resulta incomprensible su existencia, salvo que alguna mente imagine que se necesita un grupo de elite para perseguir células terroristas infiltradas en los gremios provinciales. De otra manera no se explica, dado que la injerencia de este grupo en la persecución del crimen no parece ser de la naturaleza del Grupo, para ello están las fuerzas regulares.Por otro lado es un secreto a voces que los Bora, tienen sus propias reglas y que para perseguir a ciertos sectores – marginales- tienen carta libre. 

. El segundo eje es más complejo y requiere de respuestas que por supuesto no van a encontrarse en estos apuntes. La ciudad de Bariloche está dividida geográficamente entre un sector alto, marginal y proveedor de mano de obra barata y un sector bajo-céntrico, que concentra el comercio y el turismo. Resulta evidente que esta división no está exenta de vasos comunicantes, dado la necesidad que tienen unos de otros. Más cobra sentido detenerse en el lenguaje que se escuchó en estos días de marchas y contramarchas, algunos vecinos cuando referían al otro, a los otros, a los provocadores de desmanes  y robos, diciendo: “pasa que cuando ellos bajaron…”.  Alusión asociada a un lenguaje selvático, como si los otros, no fueran vecinos de la ciudad, sino unos caníbales, que cada tanto bajan a comerse pobladores civilizados.   Y en este punto es mejor acudir a quienes con sus palabras han podido arrojar un poco de luz sobre el tema. El obispo Fernando Maletti, recalcó en declaraciones que reproduce ADNRionegro, que “la problemática se centra en la brecha social pronunciada que divide a esta ciudad” y advirtió que "Los hechos son por todos conocidos. Hay mucho resentimiento y afán de revancha, por lo que las respuestas violentas todavía no han terminado". Reclamó además "cordura" a la sociedad barilochense y exigió a "todos los que tienen responsabilidades" una mayor presencia para "encontrar no sólo la paz bélica, sino la paz verdadera de la justicia”.En esto conviene acudir a la remanida frase “no hay que poner el carro adelante del caballo”, las autoridades tienen que ponerse trabajar sobre las causas de la desigualdad, más que preocuparse por evitar que los efectos no lleguen al centro y otorguen una fea imagen al turista. Los retenes para evitar que los jóvenes marginales ingresen al centro, no hacen más que exacerbar la furia a los que son arrojados a las afueras por la desigualdad. La mirada de cierto sector de los pobladores hacia el Alto, como sujetos ajenos a la sociedad barilochense, no aporta a la cohesión para forjar una ciudad multicultural e integrada.Y en este punto la exortación del obispo a lo barilochenses es un desafío que interpela la conciencia de sus habitantes y del colectivo pueblo.  

. El tercer eje, está muy conectado con las palabras citadas de Maletti, en tanto la desigualdad se vincula con esta suerte de revancha que ciertos sectores adoptan al marchar a favor de la policía.De otro modo, resulta incomprensible a los ojos de muchos, como luego de la muerte de un joven a manos de la policía y de la represión que dejó dos muertos más, existen ciudadanos que marchan en apoyo a la fuerza.Alguien seguramente podrá explicar por qué algunos sectores no sienten como propias la injusta  muerte de sus conciudadanos, por qué no comprenden el dolor de quienes perdieron un ser querido, un amigo, un conocido, un par. Aún considerando el pasado delictivo de alguna de las víctimas, extraño resulta suponer que para algunos sectores, los otros, sus deudos y familiares, no merecen un duelo, un responso en paz. O ciertamente creeran que los otros no merecen ni siquiera eso?.Dos días después de los homicidios era el momento para marchar para pedir por más seguridad, más policía?Los cruzados de la seguridad no alcanzan a comprender que, denunciar estos hechos,  ayudará a depurar la fuerza -pese a los escasos reflejos políticos-, y a no generar más contaminación en las filas policiales.  

El tiempo por venir dirá, si este hito en la ciudad servirá para generar cambios en la sociedad, con un Estado responsable que logre identificar y mitigar las profundas desigualdades sociales o si por lo contrario se aplicarán medidas de alto impacto para retornar a una normalidad impostada, que más temprano que tarde revelará nuevos conflictos.
 

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