(de)formas y fondos
Escrito por Gustavo Zavala   
Domingo, 21 de Marzo de 2010 23:29

El arte de la discusión entre lo real y abstracto en la política

L
a distinción entre forma y fondo, adquiere en el Siglo XX, suprema importancia en las corrientes artísticas. En la pintura la diferencia se evidencia notoria entre los movimientos realistas y de la abstracción. Mientras los primeros enfatizan la clara distinción entre formas y fondos, precisamente porque lo que se pretende es representar las cosas tal cual son. En el movimiento abstracto en tanto existe una difusa conjunción entre ambos, obligando al espectador a poner en juego su capacidad para encontrar o no la existencia de un límite entre formas y fondo.

Quien se detenga a observar que tipo de discusiones emergen de la política argentina, podrá ser interpelado por una coyuntura que obliga a agudizar la distinción entre formas y fondo. Será tal vez la hora de que los críticos de arte den cuenta de lo que pasa en el territorio de la política doméstica.

Opositores y oficialistas han logrado convertir aquello que se nombra como arena política en un territorio barroso (un enchastro diría un desdentado dirigente campestre), donde los contrincantes se confunden en el mismo lodo, todos manoseados. Un escenario donde la crónica periodística, presta su discurso a una moral pública que tendría como dogma la sacrosanta calidad institucional.

Ahora, ¿no es acaso la política, un espacio -convencionalmente aceptado-, donde se dirimen los conflictos sociales? Comprender la política como un lugar de conflicto, sirve para desbaratar discursos moralistas que en ocasiones ciegan al público, al lector, al espectador y sobre todo a la Doña Rosa del extinto Bernardo. Si la democracia es la mejor forma de gobierno, es precisamente porque permite discutir proyectos e intereses que colisionan y resolverlos finalmente por consenso o mayorías.

Pero adherir a una concepción democrática del conflicto, significa también exigirles a los protagonistas de la política que eleven el nivel del debate y evidencien finalmente los verdaderos intereses del conflicto.

¿Qué se discute?

Hace tres meses que se discute en la República (y en La Nación), si es o no conveniente pagar deuda y en caso de hacerlo, si debe o no hacerse con reservas. Sin embargo, no logra la política salir de los envoltorios formales, respecto a: la forma del pedido del ejecutivo, la constitución numérica de la comisión que evalúa la forma del pedido, las formas utilizadas por la otra comisión que evaluó la aprobación de la titular de Banco Central designada, y otras tantas disputas que solo pueden conmover a un adicto editor de política de periódico, que encuentra en estas rencillas la droga, que lo salve del suicidio provocado por la abstinencia de información estival.

Discusiones que jamás se habían disparado de los pasillos de despachos y ministerios, o a lo sumo una columna dominical de un diario, hoy son habladurías cotidianas de un público obligado a opinar hasta enrojecer de furia, acerca de la carta orgánica del Banco Central o del Reglamento del Congreso para la formación de comisiones.

Todo este embrollo tan tedioso, que seguramente obligó al lector a dejar esta nota hace rato, es la discusión de formas de la política argentina desde hace varios meses. Lejos, muy lejos, quedaron aquellas denostadas discusiones sobre retenciones móviles a los cereales o la ley de medios, en las que descubrimos, pese a las divisiones, que los legisladores pueden elevar las discusiones de fondo con argumentos sólidos y descubrimos, de paso, que hasta el periodismo más independiente es permeable a los intereses económicos y políticos.

Si el oficialismo falla en no llevar esta discusión al terreno natural del Congreso. La oposición falla al no poder salir de la discusión de formas, llevada al paroxismo el día que termina votando a las 5 de la madrugada, contra un DNU (el primero sobre el uso de reservas), ya derogado por el Ejecutivo y considerado abstracto por la Justicia. 

Posiciones y oposiciones
 

Abordar los temas en profundidad. Implica ante todo clarificar consignas. El gobierno ha propuesto pagar deuda externa con reservas, sin embargo el tema podría desdoblarse en dos, tal como lo hemos hecho al inicio. Primeramente habría que preguntarse es, si el Estado Argentino debe pagar la deuda y luego preguntarse cómo convendría hacerlo.
El gobierno insistimos lo ha propuesto como un tema único y cerrado. Sobre esto la mayoría de la oposición no se ha pronunciado salvo un puñado de legislado cercanos a Pino Solanas que ha manifestado que debe discutirse primero sobre la legitimidad del pago de la deuda. Una discusión que se adivina compleja y apasionante.
Otro sector de la centroizquierda ligada a Martín Sabatella, con llegada al kirchnerismo, mientras tanto adhiere al pago de vencimiento de este año con reservas y discutir en adelante la legitimidad de la deuda externa restante.

El resto de la oposición evita alzar su voz sobre el fondo de este y otros temas, prefiere el ocupar la abyecta posición de comentarista ajeno de la realidad, apostando al desgaste del ejecutivo y a la judicialización de las cuestiones de forma. Pese a las críticas, el gobierno mantiene su perfil propositivo y sigue marcandole la agenda a una oposición unida solo por el espanto a los K (confesión pública de Senador mediterráneo Luis Juez), y que a cada paso devela indisimulables fisuras, con visibles pases de factura diarios, de Carrió a Morales, de Morales a Solá, de Carrió a Latorre y viceversa, de Menem hacia el cuerpo legislativo y viceversa.

En el PRO las reyertas ni siquiera pasan por sus posicionamientos parlamentarios. Los dardos directamente apuntan a un blanco que tiene como centro electoral el 2011 y en ese juego se despliegan traiciones e intrigas casi diarias entre Macri y De Narvaez.

Abandonemos por un momento la tentación de enredarse en las peleas intestinas del poder y volvamos sobre la deuda y el pago con reservas. La apuesta del gobierno es desendeudarse y lograr el inmediato ingreso al crédito externo para el sector público y el privado, lo que además evitaría el proceso de tomar deuda para afrontar pagos. El gobierno no ingresa en el debate, el tema de la legitimidad de la deuda. Solo el diputado Carlos Heller, se manifestó abiertamente sobre el tema, respaldando la medida, aduciendo que los bonos de deuda con vencimiento en 2010, no tienen vinculación alguna con la deuda odiosa tomada durante el proceso.
Con el desembolso de pagos a través de las reservas, el gobierno apuesta a no tocar el presupuesto y a lograr, al igual que en 2005 con el pago a los organismos internacionales, una pronta inyección de confianza y una mediata recuperación de las reservas. En aquella oportunidad, con el Golden Boy Redrado al frente del Central, el ex Presidente Kirchner encaró el pago al FMI con reservas, algo que fue aplaudido de propios y extraños, ello pese a que no eran vencimientos programados. Indudablemente seis años no es poco en el convulsionado escenario político criollo, y lo que hasta ayer despertaba loas, hoy desata tsunamis irrefrenables.

Las formas en relación con Marcó

En ese escenario la elección de Marcó del Pont al frente del Banco Central, luego de la mini crisis generada tras la retirada de Redrado, es una apuesta a generar mayor afinidad entre la autoridad monetaria y el gobierno por un lado y por el otro según la declaraciones de la propia Mercedes, la necesidad de expandir el crédito productivo que fomente el desarrollo.

Esta es una prédica incansable de la economista, quien trabajó junto a la UIA (Unión Industrial Argentina), la CTA y colaboró en la confección y difusión del Plan Fenix cocinado en las aulas de la Faculta de Ciencias Económicas de la UBA.
La oposición está dispuesta a hacerle pagar caro su traspié inicial de dar conformidad al DNU, el que disponía el desembolso de reservas del Central para afrontar pagos externos. Pero mientras la oposición acusa a la funcionaria de falta de apego a las formas, le paga efectuando una citación de descargo en el día y la ningunea al no hacerle preguntas en su reciente exposición. Una extraña manera de entender la pasión por las formas.

Entre tanto se priva al Banco Central de una funcionaria proba, con antecedentes vastos, reconocidos por estamentos económicos, académicos y sociales. Tanto es así, que hasta alguien que no goza de las simpatías gubernamentales, como Monseñor Bergoglio expresó que era “una mujer muy valiosa, con una trayectoria impecable”.
El caprichoso desconocimiento de las formas no es patrimonio de uno solo de los contendientes de estas rencillas politiqueras. El gobierno desecha las formas al evitar el debate legislativo, arrogándose facultades de legislar mediante decretos. La oposición hace lo mimo, al apropiarse de la mayoría en todas las comisiones del Senado sin respetar la proporcionalidad de las bancadas. Discusiones que ni siquiera sirven de placebo a editores narcotizadazos por peleas de mayor fuste.

El gran pintor y teórico del movimiento abstracto Wassily Kandinsky (1866-1944) experimentó la exaltación de las formas, como modo de generar puntos de tensión en la superficie del cuadro. Aficionados – aún sin saberlo- a esta idea, diversos sectores de la política y de los medios concentrados en la Argentina buscan rédito en la tensión que generan las formas, privando a ciudadanos cada vez más desconcertados, de las discusiones de fondo que resulta impostergable librar.

 

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