Encuentro con una de las autoras de Deseos de Mujer
Escrito por Hilda Maurin   
Domingo, 28 de Septiembre de 2008 00:23
Portada del libro Conjuro de mujeres

Mariángeles Fernández es una de las cuatro autoras del libro Deseos de mujer, editado en España por Plaza Janés. Para nosotras, ella tiene una mención especial  porque al nombrarla despabilamos afectos que la unen a este lugar, la Patagonia.

RPA– Mariángeles  ¿cómo nace concretamente la idea del libro? 
M-Para la presentación de uno de sus libros  (Mujeres a contracorriente), Clara Obligado –una de las cuatro autoras de Deseos de mujer–, quiso que estuviéramos en la mesa acompañándola. Carmen Posadas, otra de las autoras, reveló en ese acto multitudinario que nosotras formábamos una especie de “logia” y que cuando nos reuníamos hacíamos conjuros para favorecer la realización de nuestros deseos. Raquel Gisbert, la editora de Plaza Janés, se dio cuenta de que la historia de nuestra amistad podía recogerse en un libro. Así fue como al finalizar la presentación nos vimos de pronto embarcadas en el proyecto de hacer un libro juntas  junto a la otra “conjurada” que es Pilar Rodríguez, periodista. A la editora le pareció interesante plasmar en un libro nuestra historia, que en definitiva refleja la manera de relacionarse de las mujeres a lo largo de la historia. Y en este caso lo llamativo es que las “conjuradas” seamos mujeres, cuando esa forma de alianza parece sólo una cosa de hombres. Tal vez lo más llamativo es que en estos tiempos tan competitivos e individualistas, mujeres como nosotras, profesionales y “exitosas”, nos juntemos para ayudarnos y compartir nuestros proyectos, es decir nuestros “deseos” y no sólo para criticar o cotillear, que suele ser el tópico y la etiqueta que nos endosan.  

RPA –Vivís en España desde hace muchos años. Contanos un poquito esa historia de la niña española que llega a la Patagonia argentina y regresa como una profesional a su tierra natal, que en el libro resumís tan bonito… cargado de emociones. 
M- Bueno, diría que eso da para otro libro. Pero fuera de broma y resumiendo, mi historia no es nada diferente a la de tantísimas personas que por diversos motivos se ven en la necesidad de emigrar, de cambiar de lugar, e incluso de profesión. Nuestra familia llegó a Argentina en 1957 –yo tenía cinco años– y mis padres sabían que ellos habían dejado España para siempre. Sin embargo yo decidí volver en 1982 deshaciendo su camino y casi te diría por los mismos motivos: buscando un futuro mejor aunque quizá teñido de otros ingredientes. En mi generación hablábamos de buscar la libertad. La generación de mis padres hablaba de paz, de progreso, de trabajo. Pero creo que es lo mismo. Lo cierto es que al regresar a España tuve que empezar todo de nuevo. Lo mismo que les pasó a mis padres y yo creo que a toda la gente que he conocido, sobre todo en esta zona patagónica tan “joven” para la historia. Después de todo Luis Beltrán fue fundado a principios del siglo XX. Es decir todo se ha hecho en poco más de cien años, que en el calendario de la Historia, es apenas un puntito. Al cruzar el Atlántico y llegar a Madrid, de pronto vi que mi currículum desaparecía: nadie me conocía, nadie podía responder por mí. Aquí habían quedado mi expediente académico, mis colegas periodistas, mi prestigio… Durante diez años en España desempeñé trabajos no relacionados con mi profesión. Y luego, finalmente, me reciclé en editora. La edición de libros es un trabajo que me encanta y que lo descubrí –como casi todo en la vida–­ por azar y por necesidad. Y lo cierto es que mis amigas Clara, Carmen y Pilar también han tenido que empezar de nuevo en algún momento de su vida. Quizá esa experiencia compartida sea uno de los ingredientes de nuestra amistad. 

RPA –El libro me pareció una  radiografía de cuatro mujeres de una generación  que  da los  primeros pasos en esto de hacerse cargo de si mismas. ¿Es ese uno de los temas que intentan transmitir? 
M- Es posible que nuestra generación sea la que rompió unos moldes muy particulares en cuanto a que en comparación con nuestras madres pudimos tomar decisiones acerca de nuestra vida. Al acceder a una profesión y luego al trabajo remunerado fuera del hogar las mujeres de nuestra generación conquistamos una independencia (sobre todo económica) que nos ha permitido –como yo digo siempre en broma pero muy en serio– liberar a nuestros padres o a nuestros hermanos y frecuentemente a nuestros maridos de la obligación de mantenernos. Todas nosotras decimos con orgullo que siempre nos hemos mantenido gracias a nuestro esfuerzo y nuestro trabajo sin depender de nadie. De todos modos yo creo que todavía queda mucho camino por delante ya que incluso en países digamos muy evolucionados las mujeres reciben menor salario por idéntico trabajo que los hombres y además se manifiesta con más virulencia la violencia machista quizá como reacción ante un proceso en el que muchos hombres quedan excluidos. De todos modos nosotras creemos que lo importante es que todas las personas, hombres y mujeres, tenemos que luchar para solucionar juntos los problemas. La guerra de “géneros” a esta altura por un lado parece estéril y sobre todo es una pérdida de tiempo y de oportunidades para que las relaciones humanas sean de mejor calidad, por decirlo de alguna forma. 

RPA –¿Qué les deja haber compartido esta experiencia  de escribir juntas sus propias historias? 
M- La experiencia podría haber salido mal, por cierto. Pero no, salió bien. Yo creo que nos ha permitido conocernos más en otra faceta ya que escribir un libro a ocho manos no es tarea fácil. Clara Obligado y Carmen Posadas son escritoras consagradas en cambio Pilar y yo tenemos profesiones menos visibles. Pero a todas nos une la pasión por la literatura. Fue como poder entrar un poco más en la intimidad y la historia de cada una. Yo personalmente creo que lo más lindo de todo es haber podido hacer un libro en el que seguramente muchas personas se puedan ver reflejadas. No sólo las mujeres. Los hombres también. 

RPA –¿Me gustó mucho como plantean el tema de la amistad, de la verdadera amistad. ¿Crees que la amistad entre mujeres  presenta un tinte especial? 
M- Creo que sí,  porque las mujeres percibimos la amistad instantáneamente. Hay complicidades súbitas que luego seguimos cultivando. Creo que esa sí es una cuestión de género. Quizá tenga que ver con nuestra historia ancestral relacionada con el cuidado de la prole y la casa donde las mujeres siempre tuvieron un importante papel, sobre todo como transmisoras de la cultura a través de la oralidad. Quizá nosotras hacemos un culto de la conversación en estos tiempos en los que la gente tiene más medios para comunicarse (teléfono, internet, etcétera) pero conversa poco en el sentido profundo del término. Conversar alarga la vida. Como dicen que las mujeres hablamos más, pues quizá sea por eso que las estadísticas reflejan que las mujeres vivimos más. Conversar también ayuda a vivir mejor. 

RPA –Me pareció muy original la idea de los conjuros ¿los han realizado de verdad?  ¿Han hecho conjuros para cada cosa que deseaban o necesitaban? Aclaremos… conjuros blancos. 
M- Es cierto. Nosotras cuatro amamos los rituales y por eso cuando tenemos algo importante para comunicarnos (sea alegre, triste, complicado o simple) nos reunimos para comer y de paso hacemos el conjuro que requiera la ocasión que consiste en expresar nuestros deseos en voz alta, ante nuestras amigas. Eso supone una especie de compromiso ante nosotras mismas y ante las demás para cumplirlos. Normalmente nuestros rituales se coronan con un brindis alegre y distendido para desearnos éxito en lo que nos hemos propuesto conseguir. Lo que sí sabemos es que cualquier cosa que deseemos requerirá trabajar, trabajar y trabajar. Como todos sabemos, no hay magos ni magas que vengan por la noche a hacer nuestro trabajo.  

RPA–     Como mujer, me parece genial esto de plantarse y presentarse así…desbordando  capacidad, fortaleza, poder de decisión. ¿Qué le dirías a las mujeres que no se animan a enfrentar la vida solas?      
M- El problema de muchas mujeres es que no tienen la independencia económica, que es el principio de todo, según nuestro punto de vista. Pero lo cierto es que las mujeres sabemos hacer muchísimas cosas que no están valoradas suficientemente y que a muchas les permitirían tener sus propios ingresos. Claro que hay muchos hombres que saben que eso los podría privar del papel dominante que la sociedad les ha adjudicado hasta no hace tanto. No obstante mediante el diálogo y el ejemplo ellos podrán aceptar que es mejor compartir la vida con una persona libre y no con una mujer sometida por la dependencia económica. Quizá las nuevas generaciones esto ya lo practican sin traumas. Pero nosotras hemos tenido que dar también esa batalla y aparte de tener que demostrar que somos por lo menos igual de inteligentes que ellos, podemos atender a nuestra familia y también estar guapas y sexys. Todo un trabajo múltiple. Y como bien reflejan muchos chistes, somos capaces de estar haciendo varias cosas a la vez. 

RPA –Por último, algo que quieras agregar para compartir con los lectores…    
M- Ojalá el libro llegue pronto a Argentina y le guste a los lectores (es decir lectores y lectoras). Son historias de vida contadas con humor y desde luego con intención literaria. La verdad es que los comentarios que estamos recibiendo nos dejan muy satisfechas. Nuestros amigos varones nos dicen que les da mucha envidia esa dinámica de amigas que se juntan para contarse sus cosas y conversar libremente de todo. Nosotras los invitamos a que prueben… La conversación es un arte de los más gratificantes quizá porque la palabra es lo que nos constituye como seres humanos.
 

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