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A la memoria del maestro SANDRO…
¨Cuando muere un cantor muere una ilusión más grande que el cosmos¨, escribió el escritor Baldomero Fernández Moreno luego de la muerte de Gardel. Desde el 4 de enero de 2010, El Futuro Testamento dejará asentado en su sedoso papel que  Dios se distrajo, a las 20.40 en el Hospital Italiano de Mendoza. El acta de defunción dirá algo que a nadie importa.
Dicen que el corazón es un músculo que si no late, revienta. No quiso vivir a medias. Le costaba mostrarse… Le costaba mostrar lo que era y no querÃa ser… Como dice Hannibal Lecter en la pelÃcula Dragón Rojo: ¨Nuestras cicatrices tienen el poder de demostrarnos que el pasado fue real¨. Vivió la vida como si fuera un show.  Nadie como él sabÃa de su pesar de años. El cigarrillo lo envenenó morosamente. Las coquetas veredas de Banfield,  guardarán ahora el secreto definitivo de su paso firme. Quizá alguna senda será irrumpida por gruesas raÃces negras que engalanarán la tristeza, marcando terreno y susurrando al que ose frecuentarlas: ¨Camine con cuidado, en breve esto será patrimonio de la humanidad…¨ ¿Qué fiesta habrá en el cielo? ¿Por qué Dios necesitaba al gitano? ¿Era necesario llevarse al mejor? Las achuras lo venÃan amenazando desde hace años, tanto las pares como la  fundamental impar…  Últimamente su entrada a los hospitales,  para los famosos ¨chequeos de rutina¨, se repetÃan en caravana. A 45 dÃas del trasplante, su cuerpo vapuleado no pudo más. El histórico Congreso Nacional en su vasto recinto mostró imagines de décadas pasadas. Largas colas de gente culebreando por Callao, rostros tristes y ojos con pronóstico de lluvia. ¿Habrá alguna vez un argentino más baqueano de la noche? ¿Adónde se habrá ido  esa risa antológica que tantos trataron de imitar? Decir: rosa-rosa, gitano, patillas anchas, movimiento de pelvis, paredón de Banfield  o simplemente Ãdolo, eran sinónimos para identificarlo. Raudales de sus canciones llenan el dial, buscando ecos que reboten respuestas a su deceso. Lástima que no se pudo despedir, pegar la última mirada abarcativa. Como esa pose cotidiana de sus cumpleaños, cuando arriba de una tarima en la puerta de su casa salÃa a saludar a sus fans… A sus nenas… Pero la pena se agiganta  porque  conlleva la dosis del llanto femenino, y cuando una mujer llora, las palabras  certeras para taponar el goteo, no fueron aún halladas  por los escritores más eximios. ¿Reemplazantes? No hay. Ni habrá. ¨Son razas de unos¨, como escribió Horacio Ferrer sobre Troilo. A horas de tener domicilio fatal en el cementerio Gloriam de Longchamps, queda el consuelo de hurgar en las paredes de la memoria para sentirlo más cerca, aunque semejante pedazo de artista, haya que indefectiblemente buscarlo en el  corazón, ya que ahÃ, los recuerdos no se olvidan y anidan para siempre… |