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Inexpugnable “Sueño con el Mundial”, deseaba el gran goleador Martín Palermo en la concentración de la Selección argentina en la vigilia para enfrentar en un amistoso a Ghana, en Córdoba. Y parece que después de la convincente producción del Loco, próximo a cumplir 36 años, aumentaron las posibilidades del delantero de estar en Sudáfrica 2010. Dos goles que lo pueden llevar a su primera y ¿única? cita ecuménica.
Primero tendrá que pasar la prueba más importante de su carrera. Hablo en términos siempre futbolísticos. De los otros me voy a referir más adelante. Maradona dejó entrever que el atacante jugará ante Perú y Uruguay, por las Eliminatorias Sudamericanas. El técnico deslizó que Palermo “es número puesto” para los dos partidos decisivos del 10/10 y el 14/10 donde la Argentina se jugará la clasificación directa al Mundial o tendrá la última chance de conseguir la quinta plaza para Sudámerica en un repechaje. La noche del miércoles 30 de septiembre de 2009 no será recordada como una más para Martín. Volvió a ser titular en la Selección después de 10 años (el último había sido ante Brasil, el 11/7/99, en la Copa América de Paraguay). Y también ese lapso debió transcurrir para que volviera a meterla (el último fue el 7/7 ante Uruguay, 2-0). Diego le confió la cinta de capitán, responsabilidad que el histórico goleador de Boca con 208 tantos convertidos tomó muy en serio. Cuentan desde su círculo íntimo que estuvo muy concentrado y enfocado para hacer las cosas bien apenas recibió el llamado de citación. Lo tomó como un desafío y un reconocimiento en el final de su carrera. Y no lo desaprovechó. Un nuevo capítulo en su vida de película. Este miércoles en el Olímpico de Córdoba se escribió un nuevo guión cinematográfico. Pero aunque cueste creerlo, es un caso real. Palermo debió sobreponerse a situaciones trágicas y desgracias que interrumpieron su trayectoria y establecieron una incógnita. La pregunta que todo el mundo se hacía era ¿cómo iba a volver? y ¿volvería a recuperar su nivel habitual? Dos roturas de ligamentos jugando en Boca juniors, una rotura de tibia y peroné en 2001 cuando se le cayó encima un muro de ladrillo jugando para el Villarreal, de España, y la peor de todas: la muerte de un hijo. Terrible. Martín lo recuerda cada día de su vida y cuando marca un gol mira hacia el cielo y besa su brazo izquierdo donde tiene un tatuaje con su nombre: Stefano. Dueño de una entereza mental y una fortaleza envidiables, Palermo logró seguir adelante, recomponerse y apuntar cada objetivo como si fueran los inicios de su carrera. La motivación intacta a los 35 años es otro de lo secretos de su exitoso presente. ¿Lo coronará con su nombre en la lista definitiva de 23 que viajarán a Sudáfrica? Si es así, lo tiene merecido. Porque nunca dejó de luchar ni de creer que siempre se puede un poco más. Y todavía hay algunos que lo cuestionan. El conflicto lo tienen ellos.- |